viernes, 28 de marzo de 2014

Women

«Ellas.
Son la eterna primavera, con sus olores dulces, ácidos, agridulces... como sean, siempre embriagadores.
Son su colorido, el rosa de sus labios, el rojo de sus uñas, los tonos ocres de sus sombras. Son su musicalidad al hablar, como el borboteo incesante de una cascada, el trinar de sus risas como el tañir simultáneo de mil campanillas.

Hablo de las mujeres.
De su forma de ver las cosas, de concebir la vida, de sus mil y una perspectivas, de su radicalidad y su bipolaridad. Hablo de su complicación para algunas cosas y su sencillez para otras. De su capacidad de pasar horas hablando delante de una taza de café, o de un buen chocolate, o de una cola light. Hablo de las que les gustan que les cuiden y de las que prefieren cuidarse solas. Hablo de las que les gustan las flores y de las que prefieren la música y sí, también de las que morirían por ambas. Hablo de las que les gustan las copas y las que se pierden en ellas. De las que bailan hasta que no sienten los pies y de las que prefieren dejar los tacones a un lado y pedir la última copa. Hablo de las que lloran con las películas melosas y las que disfrutan de la intriga y la acción. Hablo de las que lo quieren todo, de las que quieren lo que no tienen y no quieren lo que tienen y de las que, teniéndolo todo, quieren más. Hablo de las eternas inconformistas, de su forma de ser, de su locura. 


Hablo de las niñas, esas cándidas soñadoras, que piden deseos, siempre relacionados con príncipes azules, a estrellas fugaces. Hablo de las que esbozan sonrisas fugaces y pestañean para conseguir lo que buscan. Hablo de las niñas, las que juegan a la comba, llevan lazos de colores y dan la mano a sus amigas. 
De la niña que sobrevive eternamente en el interior de toda mujer. 


Mujeres que al fin llevan los tacones con los que de pequeñas siempre jugaban. Mujeres fuertes y sensibles por igual. Mujeres que aún siguen tomando las manos de sus amigas cada vez que estas las tienden en busca de ayuda. Hablo de su belleza, de su coquetería, de su anhelo de amor, de ser cuidadas y queridas, de su feminidad, de su forma de escuchar cuando no hablan y su forma de hablar después de escuchar, de sus diferencias de gusto y opinión... hablo de ellas.

Hablo de las madres, las que darían lo que fuera por aquél o aquella que llevaron en su seno, las que sacrificarían cualquier cosa por verles sonreír, las que renunciarían a su felicidad por la de sus hijos. Hablo de las madres, las hijas, las hermanas, las primas, las tías, las amigas...
Hablo de las mujeres.


Hablo de la manera en que todas ellas brillan, relucen, embriagadas de felicidad, cuando encuentran a un hombre con el que compartir su día a día. La forma en que sacan lo mejor de sí mismas cuando se enamoran, cuando, por él, logran superarse como jamás pensaron lo harían. Hablo de sus sonrisas cuando aquél que robó su corazón lo cuida y lo hace más grande y mejor. De su ilusión y sus ganas de hacer más felices a sus compañeros de viaje. Hablo de las que vencen su orgullo y se reconocen necesitadas, de las que piden ayuda, y de las que se dejan ayudar aún sin haber pedido ayuda. 


Hablo de las que se casan y el día de la boda no lucen solo un bonito vestido sino una mirada de amor y una sincera sonrisa porque saben que tendrán por marido al mejor amigo que siempre buscaron. Hablo de las que, en el matrimonio, encuentran su camino de santidad. De las que aguantan las dificultades y nunca pierden la esperanza de pensar que algo mejor está por llegar, de las que son pacientes, de las que aprenden del amor, de las que se sacrifican... de las que comparten su vida medio siglo con el mismo hombre y te dicen que volverían a hacerlo una y otra vez. 
De las que aman.

Hablo de lo que las mujeres creen ser y de lo que verdaderamente son.
Hablo del corazón de la mujer y de todo lo bueno que cualquier hombre, con amor, cariño, atención y paciencia, puede sacar de él»



sábado, 15 de marzo de 2014

Quiere si te atreves


Hoy quiero contarte que tienes más de lo que crees. 
No me refiero a tener, tener como tal, a esas cosas que puedes contar y palpar, no, me refiero a lo que tienes tú y solo tú por ser quién eres, por ser como eres. Me refiero a esas cosas que llevas en tu corazón, a esas ideas que bullen en tu mente, esos sueños que te mueven, esas cosas que te motivan y encienden tu alma.

Hablo de tus inquietudes, de tus valores, de tus capacidades, de tus ideales. Hablo de lo que eres, de lo que no eres, de lo que quieres ser y de lo que puedes llegar a ser.

Sobre eso, el tiempo ha ido constituyéndote tal cual eres... las caídas te han ido fortaleciendo y las experiencias te han ido curtiendo. Y ahora llevas una mochila cargada de lo que has querido ir metiendo, vas pertrechado con todo tipo de artilugios para afrontar la vida, todo tipo de herramientas para afrontar la maquinaria de ese gran tren en el que llevas ya tiempo subido. Todo con la esperanza de salir victorioso. 
Al final eres quien eres y lo que llevas en tu mochila. Y esa mochila a veces pesa demasiado. A veces vas cargado inútilmente.

¿Y en tu corazón? ¿Ahí que llevas? Piénsalo, porque igual deberías vaciar la mochila y tratar de llenar el corazón. Quizás sea en él donde resida tu verdadera felicidad, mucho más que en todas las cosas que quieres meter en tu mochila. Porque en ti está tu felicidad. Y con eso me pregunto, ¿para qué quieres más si ya lo tienes todo?
Deja de buscar fuera eso que te falta y adopta más bien una mirada introspectiva.

Si buscas felicidad, sonríe primero y buscar servir a los demás para que ellos sean felices. Verás que en su felicidad encontrarás la tuya.
Si buscas tener, dalo todo porque es dando que se recibe.
Si buscar amor entrega primero tu corazón, vacía todo tu ser de este sentimiento y vuélcalo en los demás. Entrégate a cada pequeña cosa que hagas. Cuida a los demás. Llénate de una actitud generosa porque en un corazón que ama no hay lugar para el egoísmo, el orgullo, la pereza y el egocentrismo. Y en la medida en que logres sacar todo eso de tu corazón verás cómo este se henchirá de felicidad. Volará tan ligero que lograrás olvidarte de ti.  
Y tu amor durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como quieras.


Porque todo es cuestión de voluntad. Siempre me dijeron que "si tu veux, tu peux", que si quieres, puedes. Y con tu actitud lograrás llegar más o menos lejos. Puede ser que las circunstancias se levanten contra ti y que igual se impongan a tu voluntad, llevándote al fracaso... pero que no se diga que fue porque no lo intentaste.


Y si lo que buscas va más allá, si quieres más amor y felicidad... igual deberías plantearte que necesitas algo más grande, que necesitas a Dios. Ojalá lo encuentres, porque no está lejos. Tiene su huella grabada a fuego en tu corazón, en ese anhelo del hombre de entrega y deseo de amor y felicidad. Está dentro de ti. No necesitas mover cielo y tierra para que Él llegue a ti, tan solo cierra tus ojos, oídos, boca y sentidos y abre tu alma y tu corazón... y ahí le encontrarás como la tenue luz en la noche que arde en el candil. 
Y cuando lo encuentres, no lo guardes para ti porque el mundo necesita de Él, de su amor, y Él necesita de ti para despertar a todos los corazones. 
Que tu sonrisa sea porque sabes que Él camina junto a ti y que sea tan grande y sincera que todos quieran descubrir qué esconde esa sonrisa, cuál es el secreto de tu felicidad.. 
Y que logres sorprenderlos cuándo descubran que es por Cristo, que es por quien siempre está con ellos. Que se maravillen al comprender que esa felicidad, ese algo que buscaban sin saber que lo buscaban había estado siempre ahí, en sus corazones, aguardando a que alguien como tú o como yo despertasen ese fuego.



Y si buscas el sentido de todo esto, de todo este viaje... yo no te lo puedo dar.


Solo puedo darte un consejo, que empieces a amar porque "amor es el único regalo de Dios Padre, lo demás, viene del amar."