viernes, 13 de abril de 2012

Sueños de algodón

Son curiosas las lecciones que te da la vida. Es irónico lo rápido que puede derrumbarse tu mundo, lo rápido que pueden desbaratarse tus sueños, lo rápido que cambian las cosas. Es triste que existan varias realidades y es duro ir de una a otra, balanceándote como en un columpio, de una a otra, fluctuando sin sentido. Y es que, ¿en qué se sostiene tu mundo, quien sostiene tu mundo?

A veces el suelo firme sobre el que pisas se desintegra bajo tus pies y te encuentras con que tu porte seguro, tu andar recto, ya no son lo que eran.
Te encuentras a flote en un mar de incertidumbre. Te encuentras flotando en medio de la nada.
Tus sueños rotos se evaporan como nubes.
Pero que esto pase, a veces, es necesario. Que todos tus esquemas se rompan, que ya no encuentres el norte, te obliga a pararte, a preguntarte, a replantearte. Te obliga a mirar por donde pisas, a mirar a ambos lados, a preguntarte junto a quién caminas. A sentir que el vacío de tu corazón es tan solo aparente, que hay alguien que se encuentra a la puerta, llamando y deseando desesperadamente entrar.
La vida tiene mucho que ofrecernos y a pesar de su dureza, a pesar de las caídas, a pesar del sufrimiento, las malas caras, los días grises... a pesar de todo lo que tú puedas ver, posee exactamente los ingredientes necesarios para hacernos felices.
Tan solo nos deja a nosotros la opción de hallar la combinación adecuada.
A veces será una mirada inocente quien nos de las mayores lecciones, otras veces una voz autoritaria que nos ordene guardar la compostura y muchas otras será una mano amiga. Una mirada cálida que te recuerde que no importa caer mil veces si se ama la lucha y no la caida, que cuantas más veces caigamos más oportunidades tendremos para levantarnos, que el sufrimiento nos hace más humanos, más comprensivos. Y sobre todo, que el tiempo no cura, tan solo la lucha, la lucha por la santidad.
Un día escucharás a ese Alguien que llama a tu puerta y te enseñará que un segundo puede cambiarte la vida... y nunca sabrás cuando llegará tu segundo. Y tú descubrirás al fin que la vida es inesperada.
Sí, la vida es inesperada, porque Él rompe tus esquemas, tan pronto te da como te quita... pero te anima a seguir, a tener clara la meta y luchar por alcanzarla. Te enseña que, cuando te quite todo, cuando te sientas sola, cuando tus fuerzas flaqueen, debes mantener la mirada bien fija en Su corazón ardiente de amor, sin rendirte, sin desanimarte, andando con cautela, tratando de vivir con alegría, teniendo esperanza y tratando de dejar la huella más profunda posible en la vida de aquellos que se crucen por tu camino.


A CSDR

lunes, 9 de abril de 2012

Back to reality

¿Qué queda cuando ya no queda nada?
Quedan los recuerdos, las sonrisas, las canciones. Quedan las memorias.
Las memorias de las sombras raudas de las gaviotas, que con sus vuelos bajos entretuvieron las tardes sureñas.
Las memorias de un tambor y una trompeta que con su ritmo acompasado marcaban mi paso, marcaban mi esfuerzo.
Las memorias de unas lágrimas que se desbordaron por culpabilidad, por pena y por amor.
¿Qué queda cuando todo ha terminado?
Quedan los momentos compartidos, las amistades, las risas. Quedan las memorias.
Las memorias de las noches sin dormir, de las experiencias que mano a mano nos alegramos hoy de compartir.
Las memorias de esos corazones henchidos de felicidad, de amor, de amistad, de fraternidad.
Las memorias de las palabras que nos dijeron y que nos hicieron cambiar, que nos hicieron crecer y madurar.
Queda un mar azul, una suave brisa, un sol reconfortante, amistades más profundas, corazones más grandes.
Queda una voz, una guitarra, un violín.
Quedan caballo y caballero, quedan anécdotas que contar, momentos que recordar.
Queda una forma de vida, una lección, un sueño, un ideal.
Queda la felicidad, consecuencia de la entrega.

Y es que lo que queda es, en realidad, lo que hemos recibido al darlo todo por Su amistad.