La vida está llena de encrucijadas, es un camino de caídas, sorpresas, sufrimientos y alegrías.
Muchas veces tenemos la costumbre de pasear por la vida como si fuese un camino sin fin, como si nadie esperara nada de nosotros, como si fuese para siempre. Algunos acostumbran a andar despacito, disfrutando pasito a pasito mientras otros se embalan sin fijarse a penas en lo que se cruzan por su camino.
No podemos andar muy despacio, dejándonos llevar por las condiciones y situaciones que se nos presentan cada día. No podemos permitir que la vida nos viva, sino que debemos vivirla. Hay que aprender a salir del modo pasivo, del modo automático y no solo esperar a que se presenten las oportunidades correctas sino buscarlas y salir a su encuentro. Debemos fijarnos un objetivo, un sueño, algo por lo que luchar.
Porque una vida sin un objetivo no tiene sentido, porque todo lo que hacemos en la vida tiene un porqué.
Encontrar el sentido de tu vida no es fácil. A veces las preguntas se mezclan o las respuestas que te ofrecen a esos porqués no te satisfacen. Pero es igual, tienes que seguir buscando, porque no todo gira entorno a esas respuestas. Tienes que saber que la prioridad no está en hacerte preguntas sino en ser capaz, cuando estés mal, cuando las voces de tu cabeza y tu corazón te ensordezcan, de sonreír y tratar de llegar lo más lejos posible, lo más alto posible, de trascender todas esas circunstancias y de hacer de tu vida una historia inolvidable. Y entonces, poco a poco, las piezas de tu corazón roto, de tu alma quebradiza se iran ensamblando y todo, absolutamente todo, al fin tendrá sentido.
La felicidad, esa ha de ser tu más alta aspiración. ¿Dónde encontrarla? Pues en aquello que es eterno, en lo que no muere: en el amor, la belleza, en la amistad, en El. La encontramos en las pequeñas entregas de cada día, en los pequeños detalles que para nosotras marcan la diferencia, en aquellos momentos en los que descubrimos qué es lo que realmente nos llena.
Pero hasta que encuentras esa felicidad, hay un largo camino. Porque para sentirte llena tienes antes que saber lo que significia estar vacía, para ser feliz, tienes que haber experimentado lo que es sufrir y para echar de menos a alguien, antes, tienes que dejar ir. No tengas miedo a lo que está por venir, dirige tu vida con fe o mejor, deja que Dios la dirija por ti.
La vida no es un camino fácil y mucho menos un camino en el que se nos dé todo hecho. Te encontrarás con cosas que no logras entender, con decisiones erróneas, con momentos difíciles o con situaciones que creías que jamás tendrías que afrontar. Pero da igual, abraza el gran regalo que es la vida sabiendo que es complicada, bipolar, original, insólita, excepcional y, aun así, bella.
Sabiendo que el Amor, todo lo puede
L.R.

