jueves, 29 de marzo de 2012

Des soupirs qui trépassent l’âme

Qué difícil es saborear lo amargo. Qué amarga es la derrota.
Qué duro es dejar ir a lo que más quieres. Qué triste es dejarse vencer.
Esperanza, desasosiego, tristeza, anhelos. Mirar, observar, tratar de entender.
Tratar de asumir que no hay marcha atrás. De entender porqué el tiempo es tan traicionero.
Puede que quiera cambiar cosas de mi pasado. Puede... pero, sinceramente, valoro demasiado mi presente. Soy feliz ahora, por lo que tengo y por lo que no tengo, por lo que gano cada día y por lo que pierdo a cada instante. Por lo que Dios me ha querido dar.
Pienso que los errores del pasado pueden arreglarse en el futuro. Pienso que quien teme a equivocarse jamás será feliz, quien se enorgullece de no dar nunca un paso en falso jamás sentirá su corazón feliz. Quien busca ceñirse a su plan, jamás experimentará el verdadero Amor.
Observo lo que me rodea y me doy cuenta de que he perdido cosas, de que he dejado cosas por el camino, he dejado amigos, he dejado corazones rotos, he dejado libros desgastados, lapices con puntas rotas, sonrisas quebradas, ánimos renovados, espíritus vivrantes.
He llorado, he hecho llorar, he fallado, me han fallado, he herido, me han herido. Es un ciclo, doloroso para muchos, pero abro los ojos y realmente, es también muy hermoso. Es la moneda de la humanidad y en la otra cara tiene una sonrisa para cada uno, ayuda, amor, caridad, amistad, solidaridad, optimismo e ilusión. Por eso, todo lo malo que veo cuando echo la vista a atrás, todos y cada uno de los malos momentos que veo, los agradezco. Solo esos momentos son los que han ido formandome tal y como soy. Soy yo, yo misma, la que, siempre de la mano de Dios, se ha enfrentado a esas situaciones y, sí, solo con Su gracia he sido capaz de superarlas. Y por mucho mal que me hagan, por mucho daño que pretendan hacerme, tan solo me estarán ayudando a seguir, a seguir creciendo, a llegar cada vez más alto. Porque solo quien conoce el sufrimiento sabrá lo que es la verdadera felicidad. Solo aquel que sufre. Solo aquel que lidia con la muerte sabrá apreciar el verdadero valor la vida. Solo aquel que es fuerte sabe imponer una sonrisa a todo lo demás.

Y hoy, sonrío por cada herida, sonrío por ti, por mi, por el mundo entero, porque tengo fe. Ando con cautela porque sé que cada paso de mi presente, fija mi futuro. Y que mi futuro, tal vez, pueda ser una repetición de mi pasado. Una repetición positiva en la que los errores no se repitan, en la que todo sea nuevo, en la que nada, absolutamente nada se ciña a mi plan sino al Suyo, un plan mucho mejor en el cual la felicidad y la esperanza, sean todo cuanto llene mi corazón.

domingo, 11 de marzo de 2012

Beauty is the essence of personality

Quiero ser feliz. Y el querer ya es realizarlo.
Porque tengo la certeza de que hemos nacido para ser felices.
Lo que nos rodea está ahi para hacernos felices, lo que nos rodea es belleza.
Vivimos en un mundo que es perfecto y al que debemos amar. Porque sí, es perfecto con sus defectos.
Y aunque parezca una locura, un sinsentido, realmente también lo es la gente que lo habita. Gente blanca, alta, negra, baja, risueña, fría, desagradable, tímida, distante, cálida, bondadosa, alegre, triste, agradable... no importa, ante todo es gente con un corazón, con sentimientos, ya sea odio o amor, envidia o generosidad, rencor o humildad, soberbia o caridad... tienen un corazón que busca amar, que busca ser feliz. Un corazón anhelante de felicidad, un corazón palpitante que investiga sin cesar cual es el medio por el cual lograr sonreir.
Ese amor tan codiciado está a su alcance. Porque podemos encontrarlo en las cosas más pequeñas, en esa sonrisa, en una mariposa, en esa mirada, en un pestañeo, en la calidez de un rayo de sol, en la intensidad del color de una flor o simplemente en esa pequeña palabra en un momento de desaliento.
La belleza está en la naturaleza.
La belleza está en el alma.
Solo tenemos que pararnos, darle al stop, y vivir cada momento extasiándonos en lo que nos rodea.
Volver a ser niños pequeños, volver a vivirlo todo por primera vez.
Hacer una foto de cada instante y analizarlo, apreciar cada detalle, cada segundo, cada milímetro y exprimir todo el jugo de cada una de las cosas que la vida nos ofrece.
Y es que el mundo, en sí, en su naturaleza más remota, es perfecto.
Levanta tu mirada, sal fuera de tí, olvidate de todo y mira el cielo, tan azul, tan lejano y mira las estrellas, tan brillantes, tan misteriosas. Mira a tu alrededor y asómbrate con lo cristalina que es el agua, descubre que los pájaros saben tanto de melodías como tú, que el rocío brilla con la luz del amanecer, que cada día, el sol muere y vuelve a nacer... Date cuenta de lo verdes que son los árboles, y de que no hay un solo verde, sino que hay más tipos y tonalidades de verdes que de colores en el arcoiris y que también, hay más tipos de miradas que de colores de ojos.
Aprende a apreciar lo eterno de cada momento, lo bello en cada defecto, lo fuerte en cada debilidad, lo grande en lo más pequeño, lo admirable de cada sacrificio, el amor en cada herida.
No trates de imitar la felicidad de los demás, busca la tuya propia.
Porque es tu vida, es tu meta, es tu felicidad.
Y cuando veas que tu barco va a la deriva, sin rumbo, confía en Él, que lo capitanea, cierra los ojos, y déjate conducir atravesando el mar azul. Deja que la brisa acaricie tu cara, sumérgete en las profundidades de tu corazón y pregúntale, mecida por el vaivén de las olas, qué tienes que hacer para ser feliz.

martes, 6 de marzo de 2012

There are no chance happenings

Cuéntame un secreto.
Susúrrame algo bonito que me haga sonreir.
Irrumpe en mis sueños y pon patas arriba mi corazón.
Hazme promesas aun sabiendo que no siempre  las puedas cumplir.
Anestésiame, adorméceme con tu voz.
Llévame a un lugar que nadie conozca, perdamos la noción del tiempo.
Bailemos bajo la lluvia, paseemos por las calles, corramos de la mano.
Contemplemos la belleza del mundo, admiremos juntos la Creación.
Deja que me pierda en tu mirada, que me ahogue en el recuerdo de esos momentos junto a tí.
Disfrutemos de las cosas más típicas, de la rutina.
Encontremos lo excepcional en lo cotidiano, lo especial en lo anodino.
Dejemos de respirar, soñemos con un lejano lugar.
Seamos conscientes de que nada es para siempre y de que cada momento, por ser nuestro, es una eternidad.
No malgastemos las palabras, no desgastemos los "tequieros", burlemos al destino, esquivemos los obstáculos, logremos lo imposible.
Que no haya temor, que no haya duda, que no haya decepción.
Seamos libres, libres de amar.

jueves, 1 de marzo de 2012

Dream yourself along another day

Yo era esa niña que pregunta y busca el porqué de todo. Esa niña cándida e inocente que cree que todo es verdad y que si quiere, puede volar. Una niña que creía en la magia, que era capaz de soñar despierta, de viajar a otro mundo donde la libertad era un derecho y la música una simple realidad. Una niña con la certeza de que las estrellas fugaces cumplen deseos y de que llorando se consigue todo. Una niña que aseguraba que las estrellas son las almas de los que ya no están aqui y que un beso puede curar cualquier herida.
Yo era esa niña.
Lo era, y lo sigo siendo.
Todos llevamos a ese niño en nuestro interior y lo sentimos cuando nos frustramos con la vida y no entendemos porqué pasan las cosas preguntándole desesperadamente a Dios ¿por qué?¿por qué a mí? Lo notamos cuando somos inocentes y nos engañan, cuando ingenuamente nos creemos las palabras dulces susurradas al oído con ternura, cuando ciegamente, creemos y confiamos en que eso, es lo que llaman amor.

Pero ese niño pequeño es el que nos hace libres, el que, en mitad del ruido y de la vertiginosa velocidad del día a día, trae una suave melodía y sueña con cosas que nunca pasarán, con aspiraciones más allá de la realidad. El que sigue con docilidad las palabras que Dios susurra al oído de nuestro corazón. Ese niño es el que nos enseña a amar abiertamente, el que nos ayuda a tener un alma feliz, el que nos hace sonreír. Ese niño es el que nos hace confiar, ver lo mejor de cada persona, la razón por la que tenemos fe.
Por eso, aunque el tiempo pase, jamás acallaré el trinar de la risa del niño que sigue en mi interior y sí, día tras día, seguiré pensando que el mayor poder lo tiene Dios y que puede curar la más profunda de las heridas.