Quien no arriesga, no gana.
Arriesgar, es vivir.
Huye de la monotonía, del aburrimiento, de la rutina.
Actúa según lo que pienses y sientas en cada momento y no tengas miedo a equivocarte. Porque los errores, son también lecciones. Porque es mejor arrepentirse de hacer algo que de no haberlo hecho.
Y es que, el mayor riesgo, es no arriesgar.
Arriesga. Nadie garantiza que vayas a ganar, pero he aprendido que perder es una forma de ganar.
He aprendido que a veces arriesgas, te la juegas todo a una carta, a un órdago... y pierdes. Y sientes que el mundo se viene abajo, que todo está perdido, y sientes que todo ha cambiado y que, por muchas sonrisas que te ofrezcan, tu no podrás lucir la tuya como siempre. Hasta que te das cuenta de que nadie tiene derecho a robarte esa sonrisa. Que es tuya y que el mundo no puede cambiarla. Porque tu sonrisa es más fuerte, porque sí, es tuya, pero ante todo es de Dios, Él te la ha dado porque quiere que seas feliz y nadie puede quitarte lo que Dios te ha dado.
Si no arriesgas y haces lo que realmente quieres, a lo que realmente estás llamado, jamás llegarás a ser quien de verdad quieres ser.
Si no arriesgas y amas, jamás podrás ser verdaderamente amado.
Si no arriesgas, si no te entregas, no estarás aprovechando lo mejor de la vida, no estarás disfrutando de cada momento, de cada oportunidad.
Si no arriesgas, ni ganarás, ni perderás.
Simplemente cometerás el error de guardarte en el bolsillo las palabras y las acciones que no tuviste el valor de decir y hacer y que el mundo tenía derecho a conocer.
Con el tiempo, ese bolsillo se hará tan pesado que te hundirá, y ni la palabra más alentadora ni la mejor de las sonrisas podrán mantenerte a flote.
Con el tiempo, ese bolsillo se hará tan pesado que te hundirá, y ni la palabra más alentadora ni la mejor de las sonrisas podrán mantenerte a flote.
No dejes que eso pase, no dejes que un día te levantes siendo consciente de que no has vivido.
Mejor levántate cada día mirando hacia atrás con orgullo por todos esos momentos de valor en los que diste la cara y arriesgaste y en los que perdiendo, Dios te hizo más fuerte.



