lunes, 22 de abril de 2013

Follow your heart

Párate. 
Respira hondo, muy hondo.
Y ahora, pregúntate porqué estás aquí, cómo has llegado a este punto de tu vida. 
Mírate y pregúntate si estás donde quieres estar. 
 

¿Me ha parecido oír un no? No importa. No importa porque, ¿sabes qué?, que tal vez no estés donde tú quieres estar, pero te aseguro que estás donde Dios quiere que estés. 
Ahora tengo yo una pregunta para ti: si Dios te ha traído hasta aquí, si te ha permitido llegar a esta altura del camino, ¿de verdad piensas que no va a darte la fuerza suficiente para seguir adelante? Aguántate las ganas de contradecirme y, antes si quiera de insinuar que me equivoco, cierra los ojos y pídele esa fuerza que necesitas. Antes de nada, confía en su plan de Amor.


Cambia de marcha, aprieta el embrague y sal de este punto muerto de autocompasión, miedo, agobio y frustración. Deja todo atrás y céntrate en la meta. Levanta alto la barbilla, reafirma tu mirada, vístete con una sonrisa y siéntete capaz de lograrlo, capaz de conquistar todos tus sueños.
Pídele a tu ángel, que camina siempre junto a ti, que te dé esa fuerza que tanto necesitas, sea la que sea, y emprende este camino. Un camino hacia delante, hacia tu objetivo. Libre de agobios, miedos y temores, solo con una mochila cargada de sueños, de confianza y de optimismo. 

Y camina.
A tu ritmo.
Por tu camino.
Ese camino que Dios ha preparado para ti en el que cada obstáculo no es más que un motivo para crecer, para mejorar y hacerte más fuerte.
Y camina.
Camina con la certeza de que todo lo puedes, porque Él, camina junto a ti.
Pero ahora, en este momento, solo párate.
Y respira hondo, muy hondo. 
Y no olvides que el interés de Dios es interminable y su amor, inagotable.


1 comentario: