"Cuando lo urgente parece ganar siempre la partida a lo importante", cuando el mundo grita intentando acallar la voz de la conciencia, intentando aplacar la inquietud natural del corazón. Y es que nuestro corazón se agita, inquieto, intuyendo que el Hombre está hecho para conquistar, no solo la Tierra, sino también para ganar el Cielo. Y creo pensar que, si tuviese alas como un pájaro, volaría sin cesar, alzaría el vuelo y ascendería hacia la bóveda azul, incansable, inquebrantable en su férrea voluntad de alcanzar la paz que ofrece el eterno descanso en lo más alto. Pues así son los anhelos del corazón: ardientes, implacables, inevitables.
Entenderá porque, desde lo alto, la perspectiva le ayudará a encontrar lo escondido, a percibir aquello que no es evidente a ojos del mundo, ojos que tan solo se ven atraídos por lo brillante, lo deslumbrante.
Verá desde ahí las historias que esconden las sonrisas, verá que hay personas tristes que huyen de la nube gris que les oprime y personas amargas que buscan permanecer en ella. Y constatará que el mundo anhela la grandeza y olvida que a menudo no es en ella en donde se encuentra la belleza, que espera la felicidad sin salir a su encuentro, que exige lo extraordinario sin comprender que su mera existencia es de por si excepcional.
Se asombrará al ver que la gente encuentra anodino lo cotidiano, aburrida la rutina, ajenos a que el cambio que buscan en sus vidas debe nacer de su actitud y que no depende más que de ellos el hacerla brillar. Ojalá admirasen más la creación, la naturaleza. Ojalá no diesen por sentada la belleza ni encontrasen que es justo vivir un día más. Ojalá supiesen de verdad qué hay detrás de todo, ojalá se hiciesen pequeños para buscar en lo escondido, ojalá no se deslumbrasen por lo grande sino se enamorasen de la simplicidad de lo más pequeño. Ojalá no se contentasen con ver y empezaran a contemplar, se regocijaran en la belleza y aprendieran a valorarla. Ojalá contemplaran, sí, ojalá se detuviesen en algún punto del camino para admirar el trecho recorrido y sobrecogerse por lo que les queda aún por andar. Ojalá que desde el abismo de su nada buscasen ser y no tanto tener.
Ojalá aprendamos a amar, ojalá escuchemos más a ese corazón que desde lo alto todo lo ve.
Ojalá sepamos valorar la sinceridad de un corazón ardiente, sin máscaras, sin grandezas, sin pretensiones, un corazón puro, como la belleza del mundo que grita a los cuatro vientos que existe el Amor, un Amor que, aun no siendo amado, ama a todos.
Qué buen post, me ha encantado todo lo que dices. Es tan cierto. Gracias por escribir, que al fin y al cabo es compartir.
ResponderEliminarUn beso fuerte